Al pensar en el autoritarismo inmediatamente podríamos pensar en un gobierno que reprime las libertades de sus ciudadanos a través de la fuerza física y la ley, sin embargo el autoritarismo también es un régimen de pensamiento basado en el odio a la democracia. El autoritarismo en una sociedad perturba la democracia a través de la intolerancia religiosa, el machismo, el racismo, el heterosexismo y otros regímenes de violencia.

La filosofa brasileña Marcia Tiburi (2015) (2016) influenciada por el filósofo Theodor Ludwig Wiesengrund Adorno describe a la persona autoritaria como:

  • Alguien incapaz de hacer un acto de humildad personal cuestionándose lo que piensa y siente.
  • Vive encerrada en sí misma, no consigue abrirse a los demás, no reconoce al ´´otro´´ (mujer, migrante, afro descendientes, LGBTIQ y otres) y es incapaz de sentir empatía por esa persona.
  • Impone violentamente lo que desea y piensa, ya que su cosmovisión es la única aceptable.
  • Es una persona que legitima la violencia física contra manifestaciones sociales, que lucha en contra de los derechos humanos de las minorías, odia la igualdad a tal punto que sin percibirlo cae en la lucha contra sus propias libertades.
  • La persona autoritaria puede llegar a ser un anti ciudadano.

Dada la descripción anterior podríamos constatar que una o alguna de estas actitudes y comportamientos hacen parte de cada persona, lograr tener conciencia de esto y trabajar para cambiarlo es imperativo.

Según la filosofa brasileña Marinela Chaui (2016) el ser humano es un individuo afectivo y sus conocimientos se construyen a través de posiciones relacionadas a lo que siente, es por esto que las personas pueden ser manipuladas a través de los sentimientos, tener conciencia de esto le permite a cada persona resistirse a las iniciativas de manipulación.

Ante el bombardeo cotidiano de discursos de odio se pretende inviabilizar la capacidad de sentir empatia y de cuestionar los sentimientos. El autoritarismo promueve el resentimiento y se opone a la posibilidad de entablar un diálogo, instrumento indispensable en una sociedad democrática.

El autoritarismo persigue crear resentimiento y odio, para que a partir de estos se ordene la acción humana, si alcanza dicho objetivo se concreta su fin de evitar que la persona pueda pensar, empujarla a un vacio de pensamiento, la convierte en un ser prepotente que no lee y no investiga ante el miedo a cuestionarse.

De ninguna manera podremos construir una democracia real dominicana con personas autoritarias que repiten discursos clichés cargados de odio y resentimiento sin detenerse a cuestionar el carácter de verdad de lo que repiten así como a preguntarse; ¿Porque lo están repitiendo? ¿De qué sirve? ¿En qué ayuda? ¿A dónde nos lleva? ¿A quienes afecta? y ¿Cómo mejora la democracia en su sociedad?

Aunque el autoritarismo pretenda ser introyectado en cada persona, podemos rechazar su invitación, al cuestionar y someter a un test de racionalidad los discursos que nos son presentados en el cotidiano, que pretenden instaurar prejuicios apelando a supuestas amenazas y paranoias, estar en disposición de dialogar y aprender, tener empatía, solidaridad, apoyar las minorías y pensar, son actitudes que fortalecerán nuestro proyecto democrático, no desistamos.

Por: Cristhian Manuel Jiménez

Originalmente publique este texto en Acento Digital en 2017.

REFERENCIAS

Chaui, M. (2016). Sociedade brasileira: violencia e autoritarismo por todos os lados. Carta Maior. Disponible en: http://www.cartamaior.com.br/?/Editoria/Politica/Sociedade-brasileira-violencia-e-autoritarismo-por-todos-os-lados/4/35548

Tiburi, M. (2015). Democracia e autoritarismo — Revista Cult. Revista Cult. Disponible en: https://revistacult.uol.com.br/home/democracia-e-autoritarismo/

Tiburi, M. (2016). Como conversar com um fascista. 7th ed. Rio de Janeiro: Record.

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