Para quien está leyendo quizás le resulte extraña la palabra telos, la cual proviene de la antigua Grecia y se refiere al motivo/fin/propósito por el cual se hace u ocurre algo. En este caso Michael J. Sandel, filósofo y profesor de la Universidad de Harvard nos trae en su libro Justicia el debate del matrimonio igualitario (unión legal entre personas del mismo sexo) desde argumentos críticos sobre el telos de esta unión.

Aunque la cuestión sobre el matrimonio igualitario ha sido mayormente debatida por juristas dentro del principio de no discriminación e igualdad ante la ley, así como por quienes dentro de su religión entienden que la la atracción física, romántica o emocional entre personas del mismo sexo es una inclinación desordenada, que dicha unión no cumpliría con los fines del matrimonio y que por lo tanto no debe recibir legitimidad por el Estado. Sandel plantea que debemos discutir sobre el valor y el telos de las uniones del mismo sexo y si estas merecen respeto y reconocimiento al igual que el matrimonio heterosexual por el Estado.

Según el filósofo en Estados Unidos se discutieron tres alternativas que tenía el Estado en el momento en que aun la Suprema Corte de Justicia no decidía sobre el reconocimiento del derecho al matrimonio igualitario, estas fueron:

1) No reconocer las uniones del mismo sexo;

2) Reconocer las uniones del mismo sexo;

3) Abolir el reconocimiento del matrimonio por el Estado y que sea un asunto de asociación privada (solución Libertaria).

En el caso Dominicano el debate se centra en las alternativas 1 y 2. Una tercera vía ha sido lo expuesto por un sacerdote y un candidato político recientemente que aunque rechaza el reconocimiento del matrimonio igualitario, abre la posibilidad de que se establezcan acuerdos de tipo patrimonial.

Sandel contesta a estas alternativas poniendo como ejemplo la decisión de la Jueza Margaret Marshall, presidenta del Tribunal Supremo de Massachusetts, en el caso Goodridge contra el Departamento de Salud Pública, de 2003. En su dictamen Marshall defiende la ampliación del significado del matrimonio de forma que este sea más inclusivo, afirmando el telos de las uniones entre personas del mismo sexo y reforzando la participación del Estado.

Marshall argumenta que el matrimonio es un acto de reconocimiento y aprobación pública entre dos personas, dice ´´En verdad, hay tres contrayentes en todo matrimonio civil: los cónyuges que actúan conforme a su voluntad y el Estado que lo aprueba…El matrimonio civil es, a la vez, un compromiso hondamente personal con otro ser humano y una celebración pública de los ideales de reciprocidad, compañerismo, intimidad, fidelidad y familia´´.

Según Sandel lo expuesto por la jueza es discutido por el discurso que sostiene que el fin de un matrimonio es la procreación, a lo cual Marshall contesta que el fin real no es la procreación, sino el compromiso exclusivo y amoroso entre dos contrayentes, sean heterosexuales o del mismo sexo. También adhiere lo siguiente:

1) La fertilidad no es una condición del matrimonio ni motivo de divorcio.

2) Se puede estar casado sin haber consumado el matrimonio y seguir estándolo aun sin tener la intención de hacerlo.

3) Pueden casarse personas en su lecho de muerte.

Según la jueza lo único necesario para que un matrimonio pueda ocurrir es el compromiso entre las partes y que no existan prohibiciones tales como consanguinidad, poligamia y minoría de edad, entre otros, teniendo en cuenta que la ley nunca prohibió el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La jueza también refuto los argumentos que se vierten respecto a que el reconocimiento de uniones legales de personas del mismo sexo es un atentado contra el matrimonio. La jueza respondió a esto de la siguiente manera;

« Aquí, los demandantes solo buscan casarse, no socavar la institución del matrimonio civil. No quieren abolir el matrimonio. No atacan la naturaleza binaria del matrimonio, las disposiciones de consanguinidad ni ninguna de las otras disposiciones de la ley de licencias de matrimonio.

Reconocer el derecho de un individuo a casarse con una persona del mismo sexo no disminuirá la validez o dignidad del matrimonio del sexo opuesto, como tampoco reconocer el derecho de un individuo a casarse con una persona de una raza diferente devalúa el matrimonio de una persona que se casa con alguien de su propia raza.

En todo caso, extender el matrimonio civil a las parejas del mismo sexo refuerza la importancia del matrimonio para los individuos y las comunidades. Que las parejas del mismo sexo estén dispuestas a aceptar las obligaciones solemnes del matrimonio de exclusividad, apoyo mutuo y compromiso mutuo es un testimonio del lugar duradero del matrimonio en nuestras leyes y en el espíritu humano.»

Aunque resulte difícil de asimilar para ciertas personas, la lucha de las personas LGBTI de pertenecer y hacer igualitaria las instituciones heteronormativas, al ampliarlas las fortalece en vez de deteriorarlas.

En conclusión, al valorar si el matrimonio igualitario cumple su propósito (telos), podemos inferir por lo anterior que sí y que por lo tanto dichas uniones son igual de validas y dignas de reconocimiento.

Referencias

Goodridge v. Dept. of Public Health, 798 N.E.2d 941 (Mass. 2003).

SandelMichael J. Justice: What’s the Right Thing to Do? New York: Farrar, Straus and Giroux, 2009. Print.

Por: Cristhian Manuel Jiménez

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